El papagayo y la viagra

Un día, el señor Andrés, un viejo de setenta y ocho años, tenía un papagayo en una jaula del salón. El pobre viejo, un día se dejó una pastilla de Viagra encima de la mesa y el papagayo se la comió.

Al enterarse, el señor Andrés decidió meter al papagayo en el congelador para que se le pasase la calentura, y al cabo de siete horas, cuando abrió la puerta, se encontró al papagayo empapado en sudor.

– ¡Pero tú! ¿Cómo has hecho eso? ¡¡Sudando en el congelador!!…

A lo que el papagayo contesta:

– ¡¡Si hombre, y no es para menos, pues no sabes lo que me ha costado abrirle las piernas a una gallina congelada!!…